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Preview from chapter one
Cuando papá se fue de viaje de trabajo por una semana, la casa quedó en silencio. Solo estábamos mi hermano de 21, yo de 18 y mamá. Esa misma noche, después de cenar, ella se quedó mirándonos un rato con una expresión que no le conocíamos. Estaba nerviosa, pero también excitada.
—Chicos… —dijo al fin, bajando la voz—. Mientras su padre no esté… quiero probar algo que nunca he hecho. Quiero que me hagan sexo anal. Los dos.
Nos quedamos quietos un segundo. Luego mi hermano se levantó, se acercó a ella y la besó en la boca. Yo me quedé detrás, pegándome a su espalda. Mamá temblaba un poco cuando le bajamos el pantalón y le quitamos las bragas. Su culo era redondo, firme, y el ano se le veía cerrado, rosado, virgen.
La llevamos al sofá. La pusimos de rodillas, de espaldas a nosotros, y le abrimos las nalgas. Mi hermano se agachó primero y le pasó la lengua por el ano, lenta, húmeda. Mamá soltó un gemido agudo.
—Más… limpia bien mi ano… quiero sentirlo antes de que me lo cojan…
Le chupamos el culo durante un buen rato. Turnándonos. Uno le metía la lengua lo más profundo posible mientras el otro le lamía los bordes y le metía dedos en el coño. El ano de mamá se fue abriendo poco a poco, brillando de saliva. Cuando ya estaba relajado, mi hermano se puso detrás de ella, se escupió en la polla y apoyó el glande justo en el centro del agujero.
—Respira, mamá —le dije, sujetándole la cara para que me mirara—. Te va a entrar el primer rabo en el culo.
Mi hermano empujó. El ano se resistió un momento, luego cedió. El glande desapareció dentro. Mamá gritó, agarrándose a los cojines. Él siguió empujando despacio hasta que toda la polla se le hundió en el culo. Empezó a follarla con embestidas profundas y controladas. Cada vez que entraba hasta el fondo, el ano se le abría alrededor del tronco y un hilo de saliva le bajaba por los muslos.
—Joder… qué apretado está tu culo, mamá… —gruñó mi hermano mientras la penetraba.
Después de varios minutos se retiró. Yo ocupé su lugar. Mi polla no era tan gruesa como la de él, pero era más larga. Cuando empujé, sentí cómo el ano de mamá me tragaba centímetro a centímetro hasta que mis huevos le golpearon las nalgas. Empecé a hacerle sexo anal con fuerza, sacándola casi entera y volviendo a clavársela de un solo golpe. Ella gemía sin parar, empujando el culo hacia atrás para recibirme mejor.